miércoles, 27 de junio de 2007

ROPA SUCIA

A jovencitos en departamentos, que habitan en soledad,
bancan sus padres de campo, para estudiar en la ciudad.

Por un PH, próximo a la facu, piden lo que se les antoja,
a chacareros, que sacrificarán, muchos quintales de soja.

Aprenden a valerse solos, mostrando una actitud valiente,
aunque jamás tienden la cama, ni comen comida caliente.

Cada tanto regresan a casa, atraídos por un plato de sopa,
llevando un gran cargamento, con sucias mudas de ropa.

Las madres, que saben, que puede esperarse de sus hijos,
antes de dedicarse a las prendas, se ponen unos barbijos.

Hay tanta ropa de los bolsos, que nunca acceden al fondo
y al descorrerse los cierres, les invadirá un tufo hediondo.

Se inundará todo el ambiente, con ese perfume distintivo,
de las remeras impregnadas, de desodorante sobre chivo.

Luego, aparecerán en escena, medias que se paran solas
y los calzoncillos, viciados, de un persistente olor a bolas.

En algo no transigirán: Las sabanas que usan sus varones,
estampadas por todas partes, con sospechosos lamparones.

Una colección, muy “acabada”, de poluciones nocturnas,
más muchos “votos en blanco” que no encontraron urnas.

No usarán lavarropas, ni fregarán con jabón en escamas,
los dirigirán al Lave-Rap, con la ropa sucia de sus camas.

Entonces, los regresos de los hijos, siempre tan esperados,
por un “quita de ahí esas pajas”, terminarán empañados.

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