El hombre, tenía, inagotable iniciativa,
nunca descansaba en el ocio,
llevó adelante muchos proyectos,
pero no prosperaba ningún negocio.
Invertía fortunas, escogía buenos rubros,
pero, al poco tiempo cerraba.
Sus asesores le venían advirtiendo que,
al adoptar el nombre, fallaba.
Fundó "El rey del embalaje",
empresa con un sinnúmero de virtudes,
lamentablemente, su actividad se orientaba,
a la producción de ataúdes.
Buenos productos, nunca han sido aceptados;
otros, fueron resistidos,
tuvo el mal tino de bautizar "La Forense",
a una fábrica de embutidos.
Pensando en un nombre con gancho,
se encerró entre cuatro paredes
y, como su pueblo, a la fábrica de ascensores,
denominó "Salsipuedes"
Poco después, inauguró un geriátrico,
que provocaba, no poco recelo.
Desde su gran cartel, se invitaba a ingresar
a "La Antesala del Cielo"
El nombre, un error, peor su slogan,
que jamás se debió haber dicho:
"Las habitaciones del establecimiento,
son más silentes que un nicho"
Algún acontecimiento parecido,
había experimentado un tiempo antes,
cuando puso de título "Tío Herodes",
a su primer Jardín de Infantes.
Llevó al exterior, un parque de diversiones,
calificado como los mejores,
fracasó en Londres, al poner "Lady Di",
al sector “Autitos chocadores”
Sus emprendimientos pudieron ser exitosos,
para ello puso su esmero,
si no fuera que nunca acertó un epígrafe,
aceptablemente marketinero.
lunes, 30 de julio de 2007
viernes, 27 de julio de 2007
VIAJAR EN TREN
Evoco con gran nostalgia, cuando de niño viajaba en tren,
el que, avanzando a ritmo prudente, dejaba atrás el andén.
Partía desde Rosario Norte, arribando a la estación Retiro.
En esa época, funcionaban bien y se llegaba en un suspiro.
Disfrutaba mucho, al trasladarme, con mi familia alrededor,
pero aguardaba ansiosamente, el segundo turno, al comedor.
Emitían un particular sonido, las férreas ruedas sobre el riel.
Al recrearlo, aún ahora me conmuevo, hasta erizarse mi piel.
Si las idas me parecían rápidas, las vueltas se hacían eternas,
caminando por la formación, trataba de “estirar” las piernas.
En esos largos recorridos, comprendí, lo que el dinero hace,
pudiendo apreciar la diferencia, de viajar en primera clase.
Quiénes gozábamos del privilegio, de realizarlo en primera,
teníamos mullidos asientos, mientras en el resto, era madera.
Cuando servían nuestra cena, en climatizado coche comedor,
los demás, consumían sus alimentos, soportando frío o calor.
Desde un paso a nivel, el contraste era, todavía, más patente,
porque, en primera había buena luz y se veía gente sonriente.
Piensan instalar un tren bala, como en el continente europeo,
que no tendrá tal romanticismo, ni el arrullar de su traqueteo.
Recuerdo que ese sacudir, me causó, inexplicables erecciones,
las que, solamente lograba aplacar, al llegar a las estaciones.
Todos soñamos o fantaseamos, con alcanzar nuestras utopías,
la mía es viajar en el Orient-Express, a donde lleven sus vías.
el que, avanzando a ritmo prudente, dejaba atrás el andén.
Partía desde Rosario Norte, arribando a la estación Retiro.
En esa época, funcionaban bien y se llegaba en un suspiro.
Disfrutaba mucho, al trasladarme, con mi familia alrededor,
pero aguardaba ansiosamente, el segundo turno, al comedor.
Emitían un particular sonido, las férreas ruedas sobre el riel.
Al recrearlo, aún ahora me conmuevo, hasta erizarse mi piel.
Si las idas me parecían rápidas, las vueltas se hacían eternas,
caminando por la formación, trataba de “estirar” las piernas.
En esos largos recorridos, comprendí, lo que el dinero hace,
pudiendo apreciar la diferencia, de viajar en primera clase.
Quiénes gozábamos del privilegio, de realizarlo en primera,
teníamos mullidos asientos, mientras en el resto, era madera.
Cuando servían nuestra cena, en climatizado coche comedor,
los demás, consumían sus alimentos, soportando frío o calor.
Desde un paso a nivel, el contraste era, todavía, más patente,
porque, en primera había buena luz y se veía gente sonriente.
Piensan instalar un tren bala, como en el continente europeo,
que no tendrá tal romanticismo, ni el arrullar de su traqueteo.
Recuerdo que ese sacudir, me causó, inexplicables erecciones,
las que, solamente lograba aplacar, al llegar a las estaciones.
Todos soñamos o fantaseamos, con alcanzar nuestras utopías,
la mía es viajar en el Orient-Express, a donde lleven sus vías.
lunes, 23 de julio de 2007
AMISTAD HOMBRE-MUJER
Yo era de los que creía, en la amistad, entre hombre y mujer,
que podían darse afinidades, para ir juntos al cine o a comer.
De hecho, tuve una amiga, con quién compartí mis momentos,
paseamos, nos entretuvimos e intercambiamos pensamientos.
Ella aprendió a relacionarse con el fútbol y yo con decoración.
Nos apoyábamos mutuamente. Cada favor, obtenía devolución.
Colgaba sus nuevas cortinas, mientras me cocinaba la comida,
cambiaba el cable de su plancha y me daba lecciones de vida.
Si, eventualmente, quedaba sin luz, yo reemplazaba el fusible,
también, para brindarme una ayuda, ella hacía lo imposible.
No guardábamos secretos, nos confesábamos nuestras cuitas,
ella compraba mis preservativos y, yo, su Carefree con alitas.
Nos habíamos prometido no confundirnos con las emociones,
aquello era pura amistad, donde no cabía amor ni traiciones.
Pero un día surgió que, acabada la cena, con abundante vino,
algo estimuló mi libido adormecida y lo inevitable sobrevino.
Haciendo zapping, viendo la tele, dimos con un canal porno.
Más tarde, ella se encaminó a sacar, algo crocante del horno.
Y, a pesar que nuestra relación, ya estaba harto conversada,
cual si cometiera una vil traición, no perdoné su agachada.
que podían darse afinidades, para ir juntos al cine o a comer.
De hecho, tuve una amiga, con quién compartí mis momentos,
paseamos, nos entretuvimos e intercambiamos pensamientos.
Ella aprendió a relacionarse con el fútbol y yo con decoración.
Nos apoyábamos mutuamente. Cada favor, obtenía devolución.
Colgaba sus nuevas cortinas, mientras me cocinaba la comida,
cambiaba el cable de su plancha y me daba lecciones de vida.
Si, eventualmente, quedaba sin luz, yo reemplazaba el fusible,
también, para brindarme una ayuda, ella hacía lo imposible.
No guardábamos secretos, nos confesábamos nuestras cuitas,
ella compraba mis preservativos y, yo, su Carefree con alitas.
Nos habíamos prometido no confundirnos con las emociones,
aquello era pura amistad, donde no cabía amor ni traiciones.
Pero un día surgió que, acabada la cena, con abundante vino,
algo estimuló mi libido adormecida y lo inevitable sobrevino.
Haciendo zapping, viendo la tele, dimos con un canal porno.
Más tarde, ella se encaminó a sacar, algo crocante del horno.
Y, a pesar que nuestra relación, ya estaba harto conversada,
cual si cometiera una vil traición, no perdoné su agachada.
martes, 17 de julio de 2007
NO QUIERAS SABER
Un día quise saber, que había sido, de mis antiguos amores,
si me recordaban con cariño o conservaban viejos rencores.
Si, finalmente, a cada una le llegó, el hombre de sus sueños
y mantienen viva la llama, que hace que aún ardan los leños.
Quise conocer si se enamoraron, se casaron, tuvieron hijos,
en cualquier orden que lo hicieran, nada agrega ser prolijos.
Se fueron mudando y yo desconocía sus nuevas direcciones,
debiendo hacer, para encontrarlas, discretas investigaciones.
A algunas pude ubicar por teléfono, a otras, en su domicilio,
hallarlas demandó mucho trabajo, no fue un asunto sencillo.
Mariana me confesó, que su matrimonio vivía cual condena,
que su esposo bebía y le golpeaba, sin luego demostrar pena.
Marcela colgó al oír mi voz y, aunque me asumo algo lerdo,
interpreté, de inmediato, que no conserva un buen recuerdo.
Claudia, se enredó con alguien, que después supo era ladrón
y, más tarde, al caer él preso, llegó a ejercer la prostitución.
Alicia, comparte sus días con uno, que se reveló homosexual,
que no la toca ni con un chorro de soda, pero lo quiere igual.
A María, la localicé en precaria vivienda, de un asentamiento,
donde su marido, un jugador, la envió, al dejarla sin sustento.
Sus realidades me conmovieron, aunque mi autoestima perdí,
cuando, a pesar de todo, admitieron, que les fue mejor sin mí.
si me recordaban con cariño o conservaban viejos rencores.
Si, finalmente, a cada una le llegó, el hombre de sus sueños
y mantienen viva la llama, que hace que aún ardan los leños.
Quise conocer si se enamoraron, se casaron, tuvieron hijos,
en cualquier orden que lo hicieran, nada agrega ser prolijos.
Se fueron mudando y yo desconocía sus nuevas direcciones,
debiendo hacer, para encontrarlas, discretas investigaciones.
A algunas pude ubicar por teléfono, a otras, en su domicilio,
hallarlas demandó mucho trabajo, no fue un asunto sencillo.
Mariana me confesó, que su matrimonio vivía cual condena,
que su esposo bebía y le golpeaba, sin luego demostrar pena.
Marcela colgó al oír mi voz y, aunque me asumo algo lerdo,
interpreté, de inmediato, que no conserva un buen recuerdo.
Claudia, se enredó con alguien, que después supo era ladrón
y, más tarde, al caer él preso, llegó a ejercer la prostitución.
Alicia, comparte sus días con uno, que se reveló homosexual,
que no la toca ni con un chorro de soda, pero lo quiere igual.
A María, la localicé en precaria vivienda, de un asentamiento,
donde su marido, un jugador, la envió, al dejarla sin sustento.
Sus realidades me conmovieron, aunque mi autoestima perdí,
cuando, a pesar de todo, admitieron, que les fue mejor sin mí.
viernes, 13 de julio de 2007
LA MALCO
Siempre acre, disconforme, con actitud de resentida,
marchaba aquella mujer, a los sopapos, por la vida.
Pese a que tenía juventud, como para verse contenta,
lucía avejentada y, aún, no había cumplido cuarenta.
Los momentos amables, se desvanecían muy deprisa,
su mal carácter le impedía, que esbozara una sonrisa.
Fue bautizada "La Malco", por la maliciosa vecindad,
porque nunca le fueron advertidos, atisbos de felicidad.
No se soportaba a sí misma, renegando hasta de su Fe,
maldecía por su mal presente, por lo que pudo y no fue.
Un día tomó conciencia, que su existencia a contramano,
con voluntad, podría suplirla, por aquel bienestar lejano.
Aceptó que hay quiénes, con su suerte no están contentas,
pero que ella, para intentarlo, contaba con herramientas.
Admitió su actualidad, con calma y serena resignación,
dejando a un costado la bronca y poniéndose en acción.
Se obligó a compartir, recuperó a sus antiguas amigas,
su jardín lo sembró de rosas, donde antes había ortigas.
Fue alterando su presente, al despojarse de malas vibras
y volvió a sentir satisfacción, en sus más íntimas fibras.
Ya no masculla injustas ofensas, está más tierna su voz,
todo cambió desde entonces, ya no esta "mal co"n Dios.
marchaba aquella mujer, a los sopapos, por la vida.
Pese a que tenía juventud, como para verse contenta,
lucía avejentada y, aún, no había cumplido cuarenta.
Los momentos amables, se desvanecían muy deprisa,
su mal carácter le impedía, que esbozara una sonrisa.
Fue bautizada "La Malco", por la maliciosa vecindad,
porque nunca le fueron advertidos, atisbos de felicidad.
No se soportaba a sí misma, renegando hasta de su Fe,
maldecía por su mal presente, por lo que pudo y no fue.
Un día tomó conciencia, que su existencia a contramano,
con voluntad, podría suplirla, por aquel bienestar lejano.
Aceptó que hay quiénes, con su suerte no están contentas,
pero que ella, para intentarlo, contaba con herramientas.
Admitió su actualidad, con calma y serena resignación,
dejando a un costado la bronca y poniéndose en acción.
Se obligó a compartir, recuperó a sus antiguas amigas,
su jardín lo sembró de rosas, donde antes había ortigas.
Fue alterando su presente, al despojarse de malas vibras
y volvió a sentir satisfacción, en sus más íntimas fibras.
Ya no masculla injustas ofensas, está más tierna su voz,
todo cambió desde entonces, ya no esta "mal co"n Dios.
PAGAR ES MI PLACER
Quienes lean esto, se pondrán de acuerdo y coincidirán,
que lo mío no es muy frecuente, que soy carne de diván.
Cuando llegan las facturas a mi casa, apenas las recibo,
salgo disparado a pagarlas, como un gesto compulsivo.
Impuestos, tasas y contribuciones, su monto no discuto,
pues, por sobre todas las cosas, al pagarlas, lo disfruto.
Estoy eternamente al día y, los que conocen mi historia,
saben que nunca en mi vida, me acogí a una moratoria.
Mis hijos no me comprenden, dicen que soy masoquista,
pues gozo formando una fila, hasta acabar con mi lista.
A pesar que la cola no avanza y estoy, por horas, estático,
no cambiaría esa experiencia, por un débito automático.
Cuando permuto mi dinero, por papeles con sello de caja,
yo no sé como explicarlo, es …es como hacerme una paja.
Si, por algún motivo, no llegaran en término, las extraño.
¿Cómo no lo comprenden? que el deberlas me hace daño.
Todavía guardo, con orgullo, mostrándolo a tanta gente,
aquel impuesto al automotor, para el Incentivo Docente.
No estoy de acuerdo, con quien dice que no se reconoce
a un escrupuloso pagador, que es auténtico y no es pose.
En el banco, no paso inadvertido, por ser tan concienzudo,
cuando me ven, todos murmuran "Vino otra vez el boludo".
que lo mío no es muy frecuente, que soy carne de diván.
Cuando llegan las facturas a mi casa, apenas las recibo,
salgo disparado a pagarlas, como un gesto compulsivo.
Impuestos, tasas y contribuciones, su monto no discuto,
pues, por sobre todas las cosas, al pagarlas, lo disfruto.
Estoy eternamente al día y, los que conocen mi historia,
saben que nunca en mi vida, me acogí a una moratoria.
Mis hijos no me comprenden, dicen que soy masoquista,
pues gozo formando una fila, hasta acabar con mi lista.
A pesar que la cola no avanza y estoy, por horas, estático,
no cambiaría esa experiencia, por un débito automático.
Cuando permuto mi dinero, por papeles con sello de caja,
yo no sé como explicarlo, es …es como hacerme una paja.
Si, por algún motivo, no llegaran en término, las extraño.
¿Cómo no lo comprenden? que el deberlas me hace daño.
Todavía guardo, con orgullo, mostrándolo a tanta gente,
aquel impuesto al automotor, para el Incentivo Docente.
No estoy de acuerdo, con quien dice que no se reconoce
a un escrupuloso pagador, que es auténtico y no es pose.
En el banco, no paso inadvertido, por ser tan concienzudo,
cuando me ven, todos murmuran "Vino otra vez el boludo".
jueves, 5 de julio de 2007
EN EL RECORRIDO INVERSO
Como los hombres de mi edad, transito el camino inverso,
voy describiendo una parábola, para regresar al comienzo.
Igual que todos, asomé mi cabeza por la vulva de mi madre,
desgarrándole los tejidos, para el desagrado de mi padre.
Mi primer contacto con el mundo, tuvo su arista despiadada,
cuando alguien, para que llorara, me asestó una palmada.
No fui hermoso al nacer; sin pelo y con mi boca desdentada,
con toda la epidermis con arrugas y de tonalidad azulada.
Por meses, me hice caca y pis encima y, además, me babeaba.
Tardé mucho en caminar porque, al principio, nomás gateaba.
Mis padres fueron los primeros, en enseñarme algunas cosas.
En los colegios, a los que luego asistí, no todas fueron rosas.
Al manifestarse mi sexualidad, me masturbaba, por instinto,
descubriendo, pasado un tiempo, que con chicas es distinto.
Más tarde, los compromisos: Trabajo, novia, esposa después.
Llegaron los hijos, los nietos, en la calma vida del burgués.
Ahora son mis hijos, quienes pretenden darme las lecciones.
Mientras tanto, estoy disfrutando de mis últimas erecciones.
Gateo todo lo que puedo, por una teta quedo embelesado,
cuesta controlar mis esfínteres y encuentro el cojín babeado.
Voy perdiendo la vista, me abandonan mis dientes y el cabello
y mi piel, que se está arrugando, perdió su antiguo destello.
Para trabajar hoy no me quieren, con llorar no consigo nada
y me mandan a la... de mi madre, con una nueva palmada.
voy describiendo una parábola, para regresar al comienzo.
Igual que todos, asomé mi cabeza por la vulva de mi madre,
desgarrándole los tejidos, para el desagrado de mi padre.
Mi primer contacto con el mundo, tuvo su arista despiadada,
cuando alguien, para que llorara, me asestó una palmada.
No fui hermoso al nacer; sin pelo y con mi boca desdentada,
con toda la epidermis con arrugas y de tonalidad azulada.
Por meses, me hice caca y pis encima y, además, me babeaba.
Tardé mucho en caminar porque, al principio, nomás gateaba.
Mis padres fueron los primeros, en enseñarme algunas cosas.
En los colegios, a los que luego asistí, no todas fueron rosas.
Al manifestarse mi sexualidad, me masturbaba, por instinto,
descubriendo, pasado un tiempo, que con chicas es distinto.
Más tarde, los compromisos: Trabajo, novia, esposa después.
Llegaron los hijos, los nietos, en la calma vida del burgués.
Ahora son mis hijos, quienes pretenden darme las lecciones.
Mientras tanto, estoy disfrutando de mis últimas erecciones.
Gateo todo lo que puedo, por una teta quedo embelesado,
cuesta controlar mis esfínteres y encuentro el cojín babeado.
Voy perdiendo la vista, me abandonan mis dientes y el cabello
y mi piel, que se está arrugando, perdió su antiguo destello.
Para trabajar hoy no me quieren, con llorar no consigo nada
y me mandan a la... de mi madre, con una nueva palmada.
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