viernes, 27 de julio de 2007

VIAJAR EN TREN

Evoco con gran nostalgia, cuando de niño viajaba en tren,
el que, avanzando a ritmo prudente, dejaba atrás el andén.

Partía desde Rosario Norte, arribando a la estación Retiro.
En esa época, funcionaban bien y se llegaba en un suspiro.

Disfrutaba mucho, al trasladarme, con mi familia alrededor,
pero aguardaba ansiosamente, el segundo turno, al comedor.

Emitían un particular sonido, las férreas ruedas sobre el riel.
Al recrearlo, aún ahora me conmuevo, hasta erizarse mi piel.

Si las idas me parecían rápidas, las vueltas se hacían eternas,
caminando por la formación, trataba de “estirar” las piernas.

En esos largos recorridos, comprendí, lo que el dinero hace,
pudiendo apreciar la diferencia, de viajar en primera clase.

Quiénes gozábamos del privilegio, de realizarlo en primera,
teníamos mullidos asientos, mientras en el resto, era madera.

Cuando servían nuestra cena, en climatizado coche comedor,
los demás, consumían sus alimentos, soportando frío o calor.

Desde un paso a nivel, el contraste era, todavía, más patente,
porque, en primera había buena luz y se veía gente sonriente.

Piensan instalar un tren bala, como en el continente europeo,
que no tendrá tal romanticismo, ni el arrullar de su traqueteo.

Recuerdo que ese sacudir, me causó, inexplicables erecciones,
las que, solamente lograba aplacar, al llegar a las estaciones.

Todos soñamos o fantaseamos, con alcanzar nuestras utopías,
la mía es viajar en el Orient-Express, a donde lleven sus vías.

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