Siempre acre, disconforme, con actitud de resentida,
marchaba aquella mujer, a los sopapos, por la vida.
Pese a que tenía juventud, como para verse contenta,
lucía avejentada y, aún, no había cumplido cuarenta.
Los momentos amables, se desvanecían muy deprisa,
su mal carácter le impedía, que esbozara una sonrisa.
Fue bautizada "La Malco", por la maliciosa vecindad,
porque nunca le fueron advertidos, atisbos de felicidad.
No se soportaba a sí misma, renegando hasta de su Fe,
maldecía por su mal presente, por lo que pudo y no fue.
Un día tomó conciencia, que su existencia a contramano,
con voluntad, podría suplirla, por aquel bienestar lejano.
Aceptó que hay quiénes, con su suerte no están contentas,
pero que ella, para intentarlo, contaba con herramientas.
Admitió su actualidad, con calma y serena resignación,
dejando a un costado la bronca y poniéndose en acción.
Se obligó a compartir, recuperó a sus antiguas amigas,
su jardín lo sembró de rosas, donde antes había ortigas.
Fue alterando su presente, al despojarse de malas vibras
y volvió a sentir satisfacción, en sus más íntimas fibras.
Ya no masculla injustas ofensas, está más tierna su voz,
todo cambió desde entonces, ya no esta "mal co"n Dios.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario