Un buen día, llegó al pueblo, una mujer muy enigmática,
que por no arrimarse a la gente, la tildaron de antipática.
Era muy bella, vestía elegantemente y parecía muy culta,
pero se adivinaba, desde lejos, que tenía una vida oculta.
Rita, tal era su nombre, observaba una actitud misteriosa,
todos pretendían saber de ella, aunque fuera alguna cosa.
Un poco por atracción y mucho más por develar la intriga,
me fui acercando a esta mujer, logrando fuera mi amiga.
Con el tiempo, pude convertirme en su único confidente,
llegué a saber asuntos de ella, que ocultaba a tanta gente.
Los habitantes se resistían a perpetuarse en la ignorancia,
querían saber que escondía, tras la supuesta arrogancia.
Periódicamente me increpaban, de manera muy obstinada,
pero, yo siempre les respondía, que de ella no sabía nada.
Para terminar con tanto asedio, con algunos hice una cita
y, entonces, poder compartir, alguna cosa que sé de Rita.
Desde aquel día, en el pueblo, me tratan con mucho recelo,
porque en esa reunión, les repartí, varios cubitos de hielo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario