lunes, 12 de marzo de 2007

NOS DEBEMOS UN CAFE

Cuando nos distanciamos, nos hicimos una promesa,
conversar, con un café, frente a frente, en una mesa.

Quedamos en decírnoslo todo, explicar qué nos pasó,
qué le sucedió a lo nuestro, si está enfermo o ya murió.

Hicimos tanto, para que no quedara en una aventura,
apuntalando, diariamente, a ese amor contra natura,

que aún cuesta convencerme, que todo se desvaneció
de manera tan inadvertida, como que nunca ocurrió.

Muchas veces me pregunto como logras manejarlo,
porque a mí, a tu recuerdo, me cuesta sobrellevarlo.

Te renuevo la propuesta y vos, interponés una cortina,
no sé si es que ya no querés verme o evitás la cafeína.

Espero en vano tu llamado, que me saque del letargo,
para compartir un café y se me quite el gusto amargo.

Hoy para vos, soy sólo un rostro en la muchedumbre,
de todas formas, necesito, salir de esta incertidumbre.

¿Qué puede pasar al encontrarnos? Ciertamente no lo sé,
pero el tiempo transcurre y, aún, nos debemos el café.

No hay comentarios: